Neumáticos

Presión de los neumáticos: cómo y cuándo comprobarla

La presión correcta ahorra combustible, alarga la vida del neumático y acorta la frenada. Dónde está el dato, cómo se mide bien y cada cuánto conviene hacerlo.

Es la comprobación más barata del coche, tarda cinco minutos y casi nadie la hace con la frecuencia que debería. Un neumático con menos presión de la debida consume más, se desgasta antes, calienta más y alarga la frenada. Y todo eso ocurre sin que el conductor note nada especial hasta que aparece el problema.

El manómetro de una estación de servicio: la comprobación más rentable que se puede hacer en un coche. Foto: 3268zauber · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
El manómetro de una estación de servicio: la comprobación más rentable que se puede hacer en un coche. Foto: 3268zauber · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Dónde está el dato correcto

Lo primero es no buscarlo donde no está. La presión recomendada no viene en el neumático: en el flanco figura la presión máxima que soporta, que no es lo mismo. El dato que hay que usar es el del fabricante del coche, y se encuentra en tres sitios:

  • En una pegatina en el marco de la puerta del conductor, el sitio más habitual.
  • En la tapa del depósito de combustible en algunos modelos.
  • En el manual del vehículo, siempre.

Esa tabla suele dar dos o tres valores: presión normal y presión con carga completa, y a veces distingue eje delantero y trasero y también el tamaño de llanta. Con el coche cargado para un viaje, hay que usar la columna de carga.

Cómo se mide bien

  1. En frío. Es la condición más importante: el dato del fabricante se refiere a neumáticos fríos, es decir, con el coche parado o después de menos de un par de kilómetros a baja velocidad.
  2. Los cuatro neumáticos, y también la rueda de repuesto si el coche la lleva.
  3. Con el manómetro apoyado a fondo en la válvula, sin fugas laterales.
  4. Ajustando al valor de la tabla, sin restar «por si acaso».
  5. Volviendo a poner los tapones, que protegen la válvula del polvo.

Si por lo que sea hay que medir en caliente, la referencia práctica es que la presión sube unas décimas con la temperatura de rodadura: nunca hay que soltar aire para «corregir» esa subida.

En el flanco están la medida, el índice de carga, el de velocidad y la fecha de fabricación: la presión recomendada, en cambio, la da el coche. Foto: Kifoc · Dominio público · Wikimedia Commons
En el flanco están la medida, el índice de carga, el de velocidad y la fecha de fabricación: la presión recomendada, en cambio, la da el coche. Foto: Kifoc · Dominio público · Wikimedia Commons

Qué pasa con la presión mal ajustada

Por debajo de lo recomendado:

  • Aumenta la resistencia a la rodadura y con ella el consumo.
  • El neumático flexa más y se calienta, con riesgo de deterioro interno.
  • Se desgastan los hombros exteriores de la banda de rodadura.
  • La dirección se vuelve pesada e imprecisa.

Por encima de lo recomendado:

  • Menos superficie de contacto con el suelo y, por tanto, menos agarre efectivo.
  • Desgaste concentrado en el centro de la banda.
  • Peor confort y más ruido.
  • Mayor sensibilidad a los baches y más riesgo de daño en la llanta.

El desgaste es, de hecho, la mejor forma de auditar los últimos meses: un neumático desgastado por el centro estuvo demasiado inflado, y uno desgastado por los bordes, demasiado flojo.

Cada cuánto conviene comprobarla

  1. Una vez al mes como rutina general.
  2. Antes de cada viaje largo, con la columna de carga si el coche va lleno.
  3. Con los cambios de estación, porque el frío baja la presión de forma apreciable.
  4. Después de un golpe contra un bordillo o un bache profundo.
  5. Siempre que el testigo del sistema de control de presión se encienda.
Con frío, la presión baja: es la razón por la que el testigo de presión aparece en la primera semana de invierno en muchos coches. Foto: Steve Morgan · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
Con frío, la presión baja: es la razón por la que el testigo de presión aparece en la primera semana de invierno en muchos coches. Foto: Steve Morgan · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

El sistema de control de presión

Los coches actuales llevan un sistema que avisa de una pérdida de presión, y funciona de dos maneras distintas:

  • Sistemas indirectos, que comparan el giro de las ruedas mediante los sensores del ABS. Son sencillos y exigen recalibrar cada vez que se ajusta la presión o se cambian ruedas.
  • Sistemas directos, con un sensor en cada válvula que mide la presión real. Informan mejor y sus sensores llevan pila: cuando se agotan, hay que sustituirlos.

Con los indirectos, un aviso que no desaparece después de inflar suele significar simplemente que falta la calibración desde el menú del coche. Con los directos, conviene revisar sensor a sensor.

Preguntas frecuentes

¿Cuánta presión pierde un neumático por sí solo?

Es normal que pierda una cantidad pequeña cada mes por permeabilidad y por la válvula. Esa pérdida lenta es precisamente el motivo de la revisión mensual, y es también la razón por la que un coche que lleva meses parado suele aparecer con las cuatro ruedas bajas sin que haya ningún pinchazo.

¿Inflar con nitrógeno merece la pena?

El aire ya es en su mayor parte nitrógeno. La ventaja teórica es una variación de presión algo menor con la temperatura y una pérdida ligeramente más lenta. En uso doméstico, la diferencia es pequeña y no sustituye a la comprobación periódica, que sigue siendo lo que de verdad importa.

¿Hay que quitar presión si voy cargado?

Al contrario: con más carga, la tabla del fabricante indica más presión, no menos. Es uno de los errores más extendidos y explica muchos desgastes irregulares después de un verano de viajes con el maletero lleno.

¿La rueda de repuesto también?

Sí, y suele llevar una presión distinta y más alta, indicada en la propia tabla. Una rueda de repuesto sin presión es un problema descubierto en el peor momento posible. En coches con kit antipinchazos, lo que hay que revisar es la fecha de caducidad del bote de sellante.

¿Sirven los manómetros de las gasolineras?

Sirven, aunque su precisión varía. Si se usa siempre el mismo, al menos las lecturas son comparables. Un manómetro propio de bolsillo cuesta poco y permite comprobar la presión en casa, en frío y sin cola.

Tabla rápida de desgaste y presión

Patrón de desgasteCausa probable
Centro de la banda gastadoPresión por encima de la recomendada
Los dos hombros gastadosPresión por debajo de la recomendada
Un solo hombro gastadoAlineación o caída de rueda, no presión
Desgaste en dientes de sierraAmortiguadores o alineación
Zonas planas aisladasFrenada bloqueada o coche mucho tiempo parado

Esa tabla es la razón por la que merece la pena mirar los neumáticos cada pocas semanas: cuentan lo que ha pasado con la presión y con la geometría durante los últimos meses.

La fecha del neumático y por qué importa

En el flanco, dentro de un óvalo, hay cuatro cifras: las dos primeras son la semana de fabricación y las dos últimas, el año. Un neumático con muchos años, aunque tenga dibujo, ha perdido elasticidad y agarra menos, sobre todo en mojado.

De ahí dos consejos prácticos. Al comprar, comprobar que los neumáticos no llevan años almacenados. Y en un coche que hace pocos kilómetros, tener en cuenta que los neumáticos pueden envejecer antes de gastarse, y que las grietas finas en el flanco son la señal de que ha llegado el momento aunque el dibujo esté entero.

La rueda de repuesto, el kit y el gato

  • Rueda de repuesto de tamaño normal. Cómoda y pesada; hay que revisar su presión, que suele ser más alta.
  • Rueda de emergencia estrecha. Con límite de velocidad y de distancia marcados en su propia etiqueta.
  • Kit antipinchazos. Sella pinchazos pequeños en la banda y no sirve para un corte en el flanco. El bote de sellante caduca: conviene mirar la fecha.
  • Gato y llave. Comprobar que están y que el gato encaja en los puntos previstos del coche.

Es una revisión de cinco minutos que casi nadie hace y que se agradece mucho la única vez que hace falta.

Una rutina de cinco minutos al mes

Para que esta comprobación se haga de verdad, tiene que estar asociada a algo que ya se haga. La rutina que mejor funciona es unirla al repostaje: cuando se llena el depósito, se comprueban las cuatro ruedas con el manómetro de la estación, se mira el dibujo por encima y se echa un vistazo a los flancos.

En ese medio minuto por rueda se detectan tres cosas que de otro modo pasan meses desapercibidas: una pérdida lenta de presión, un desgaste irregular que anticipa un problema de alineación y un corte o abultamiento en el flanco, que es el defecto más peligroso de todos porque puede acabar en un reventón. Ninguna de las tres avisa desde el asiento del conductor hasta que es tarde.

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