Seguridad

Cuándo cambiar los neumáticos: los cuatro límites que importan

Profundidad de dibujo, antigüedad, daños y desgaste irregular: cuatro criterios que deciden cuándo un neumático deja de ser seguro, con la forma de comprobar cada uno en cinco minutos.

Los neumáticos son la única parte del coche que toca el suelo, y su estado decide la distancia de frenado, el comportamiento en curva y el agarre en mojado. Aun así, es el elemento que más se apura. Hay cuatro criterios para saber cuándo toca cambiarlos, y solo uno de ellos aparece en la ITV.

El límite legal es 1,6 mm de profundidad, pero el agarre en mojado empieza a caer mucho antes de llegar ahí.
El límite legal es 1,6 mm de profundidad, pero el agarre en mojado empieza a caer mucho antes de llegar ahí.

1. La profundidad del dibujo

El límite legal en turismos es de 1,6 milímetros en toda la banda de rodadura. Para comprobarlo no hace falta calibre: todos los neumáticos llevan testigos de desgaste (TWI), unos resaltes dentro de las ranuras principales que están justo a esa altura. Cuando la superficie del dibujo llega al nivel del testigo, el neumático está en el límite.

El truco de la moneda de un euro también funciona: el borde dorado tiene unos 3 mm; si al meterla en la ranura se ve todo el borde, queda poco dibujo. Y aquí va el dato que cambia la decisión: el rendimiento en mojado cae de forma acusada por debajo de 3 mm, con distancias de frenado notablemente mayores y más riesgo de aquaplaning. Por eso muchos talleres recomiendan cambiar en torno a los 3 mm en lugar de esperar a 1,6, sobre todo en el eje delantero de coches de tracción delantera y en climas lluviosos.

2. La antigüedad

El caucho envejece aunque el coche apenas circule. En el flanco, el código DOT termina en cuatro cifras que indican la semana y el año de fabricación: «2320» significa la semana 23 de 2020. Con esa referencia:

  • Hasta 5 años: vida normal, si el dibujo aguanta.
  • Entre 6 y 10 años: revisión atenta cada año, buscando grietas finas en el flanco y en el fondo de las ranuras.
  • Más de 10 años: se recomienda sustituir aunque el dibujo esté bien. El compuesto ha perdido elasticidad y el agarre en frío y en mojado se resiente.

Es un criterio especialmente relevante en coches de poco uso, en autocaravanas y en la rueda de repuesto, que puede llevar quince años debajo del maletero sin haber rodado nunca.

3. Los daños visibles

Cualquiera de estos hallazgos obliga a cambiar, sin discusión y sin esperar a la ITV:

  • Bultos o burbujas en el flanco: la carcasa interior está rota y puede reventar.
  • Cortes profundos que dejen ver la trama.
  • Grietas por envejecimiento en el flanco o entre los tacos.
  • Deformaciones tras un golpe fuerte contra un bordillo.
  • Reparaciones en el flanco: solo son reparables los pinchazos en la zona central y con límites de tamaño; el flanco no se repara.
Misma medida y mismo tipo por eje: mezclar dibujos o índices distintos cambia el comportamiento del coche.
Misma medida y mismo tipo por eje: mezclar dibujos o índices distintos cambia el comportamiento del coche.

4. El desgaste irregular, que además avisa de otra avería

Un neumático que se gasta de forma desigual está contando algo del coche:

  • Gastado por el centro: exceso de presión mantenido.
  • Gastado por los dos hombros: presión baja. Además consume más combustible y calienta el neumático.
  • Gastado por un solo lado: geometría desalineada, caída o convergencia mal ajustadas.
  • Dientes de sierra en los tacos: amortiguadores cansados o falta de rotación.
  • Planos localizados: frenadas bloqueadas o meses de parada en el mismo punto.

Por eso cambiar neumáticos sin corregir la causa es tirar el dinero: los nuevos se gastarán igual en pocos miles de kilómetros. Cuando el desgaste es asimétrico, la sustitución debería ir acompañada de alineación y equilibrado.

Cómo se mantienen para que duren

  1. Presión cada mes y antes de un viaje largo, en frío y con los valores del manual o de la pegatina del marco de la puerta. La carga importa: con el coche lleno, la presión recomendada sube.
  2. Rotación según indique el fabricante, para repartir el desgaste entre ejes.
  3. Equilibrado si aparecen vibraciones a determinada velocidad.
  4. Alineación tras un golpe fuerte o cuando el coche se desvía solo.
  5. Conducción: las aceleraciones y frenadas bruscas y los bordillos son lo que más vida les quita.

Y una precaución con el almacenaje: los neumáticos guardados deben estar en un sitio fresco, seco, sin luz solar directa y lejos de disolventes o de fuentes de ozono, como un motor eléctrico. Si se guardan montados en llanta, con presión; si se guardan sueltos, de pie y girándolos de vez en cuando.

A velocidad de autovía, una presión baja calienta el neumático y multiplica el riesgo de reventón.
A velocidad de autovía, una presión baja calienta el neumático y multiplica el riesgo de reventón.

Cuántos cambiar a la vez

Lo ideal son los cuatro, pero cuando no es posible hay una regla que conviene respetar: los neumáticos nuevos van al eje trasero, aunque el coche sea de tracción delantera. La razón es de estabilidad: si el eje trasero pierde agarre antes que el delantero, el coche se vuelve imprevisible en curva y en mojado. Y en el mismo eje, siempre la misma medida, marca y dibujo.

En coches con tracción total, muchos fabricantes exigen sustituir los cuatro a la vez o mantener diferencias de desgaste muy pequeñas, porque el diferencial central trabaja de más si las circunferencias no coinciden.

Verano, invierno y todo tiempo

El compuesto de un neumático de verano se endurece con el frío y pierde agarre por debajo de unos 7 °C. Los de invierno, marcados con el símbolo de montaña y copo de nieve, mantienen elasticidad en frío y evacuan mejor la nieve y el agua fría; a cambio se desgastan más rápido en verano. Los de todo tiempo son un compromiso razonable para quien vive en zonas de inviernos suaves y no quiere dos juegos.

Con neumáticos de invierno o todo tiempo homologados se puede circular por vías con restricción por nieve sin cadenas en las condiciones que fije la señalización, lo que en zonas de montaña es un argumento práctico más allá del rendimiento.

Cómo leer el flanco de un neumático

Toda la información necesaria para comprar bien está grabada en el costado. Con un ejemplo del tipo 205/55 R16 91V se entiende el sistema:

  • 205: anchura de la banda en milímetros.
  • 55: serie, es decir, la altura del flanco como porcentaje de la anchura. Cuanto más bajo, más rígido y menos cómodo.
  • R: estructura radial, la habitual en turismos.
  • 16: diámetro de la llanta en pulgadas.
  • 91: índice de carga, el peso máximo por rueda.
  • V: índice de velocidad, la máxima admitida.

Junto a esos códigos aparecen el DOT con la fecha de fabricación, las marcas M+S o el símbolo de montaña y copo para invierno, y a veces el sentido de montaje o la cara exterior obligatoria. Ni el índice de carga ni el de velocidad se pueden bajar respecto a lo que exige la ficha técnica; subirlos, en cambio, es admisible.

La etiqueta europea y qué mirar en ella

Todos los neumáticos nuevos llevan una etiqueta con tres datos comparables entre modelos: eficiencia energética (resistencia a la rodadura, que afecta al consumo), adherencia en mojado (que afecta a la distancia de frenado) y ruido exterior en decibelios. Para uso general, la adherencia en mojado es la que más importa: la diferencia entre una clase A y una C se traduce en metros de frenada a 80 km/h, y esos metros son los que hay o no hay delante.

Lo que la etiqueta no dice es cómo se comporta el neumático en seco caliente, en nieve o cuando ya está medio gastado, y ahí es donde las pruebas comparativas independientes aportan lo que falta.

Errores frecuentes al comprar

  1. Comprar solo por precio y acabar con un compuesto de mala adherencia en mojado.
  2. Montar dos neumáticos nuevos delante en un coche de tracción delantera: los nuevos van detrás.
  3. Mezclar marcas o dibujos en el mismo eje.
  4. Olvidar el equilibrado y la revisión de válvulas y sensores de presión.
  5. No comprobar la fecha DOT del neumático que te montan: puede llevar años almacenado.
  6. Descuidar la rueda de repuesto, que suele estar sin presión y caducada cuando hace falta.

Presiones: la tabla que casi nadie mira

La presión correcta no es un número universal: depende del coche, del eje y de la carga. Está en la pegatina del marco de la puerta del conductor, en la tapa del depósito o en el manual, y casi siempre da dos valores: uno para uso normal y otro para carga completa, que es entre 0,2 y 0,4 bar superior.

Tres reglas que evitan errores: medir en frío —después de unos kilómetros la presión sube y la lectura engaña—, ajustar al alza si vas cargado y comprobar también la rueda de repuesto, que suele pedir más presión que las de servicio y es justo la que nadie mira hasta que hace falta. Y si el coche lleva sensores de presión, después de inflar hay que dejarle unos kilómetros para que el testigo se apague solo.

Qué hacer con los viejos

Los neumáticos usados son residuo especial: el taller que los sustituye está obligado a hacerse cargo y por eso aparece un pequeño importe de gestión en la factura. No se pueden tirar al contenedor ni quemar; van a valorización, donde se convierten en granza para céspedes artificiales, suelos deportivos o combustible industrial. Si sobran de un cambio propio, los puntos limpios municipales los aceptan en cantidades domésticas.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuántos kilómetros hay que cambiar los neumáticos?

No hay una cifra fija: entre 30.000 y 50.000 km es lo habitual en un turismo, pero depende del compuesto, del eje, de la conducción y de las presiones. Manda el dibujo, no el cuentakilómetros.

¿Se puede reparar un pinchazo?

Sí, si está en la zona central de la banda, no supera el tamaño admitido y no ha rodado desinflado. Los pinchazos en el flanco o en el hombro no son reparables.

¿Sirve el espray sellador del maletero?

Como recurso para llegar al taller, sí. No es una reparación y en muchos casos obliga a limpiar el sensor de presión, que se ensucia con el producto.

¿Qué es el índice de carga y de velocidad?

Los dos códigos que van tras la medida: el número indica el peso máximo por rueda y la letra la velocidad máxima admitida. No se puede bajar de lo que exige la ficha técnica.

Buscar mi coche