Mantenimiento

Frenos: cuándo cambiar pastillas y discos

Las pastillas avisan, los discos casi nunca. Cómo saber cuánto queda, qué significa cada ruido, cuándo hay que cambiar los dos a la vez y qué revisar en el líquido.

Los frenos son el sistema del coche con el margen de seguridad más corto: cuando fallan, no hay plan B. Y son también uno de los que más se descuidan, porque su desgaste es progresivo y el conductor se adapta a él sin darse cuenta. La regla útil: las pastillas se cambian por espesor, los discos por espesor y por estado de la superficie, y el líquido por tiempo, no por kilómetros.

Disco de freno de un turismo, ventilado interiormente, con fisuras por fatiga térmica. Foto: Johann H. Addicks · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
Disco de freno de un turismo, ventilado interiormente, con fisuras por fatiga térmica. Foto: Johann H. Addicks · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Cuánto duran unas pastillas

La horquilla honesta es amplia: entre 30.000 y 60.000 kilómetros en uso mixto, y esa diferencia no depende tanto de la marca de la pastilla como de tres factores:

  • Dónde se conduce. Ciudad con mucho semáforo y mucha pendiente puede reducir la vida de una pastilla a la mitad frente a un uso mayoritario de autopista.
  • Cómo se frena. Anticipar y levantar el pie antes gasta mucho menos que llegar y frenar. En coches con freno regenerativo —híbridos y eléctricos— las pastillas duran bastante más, porque buena parte de la retención la hace el motor.
  • El peso y el eje. Las pastillas delanteras hacen la mayor parte del trabajo y se cambian antes que las traseras, normalmente en una proporción de dos a uno.

El dato que sí es objetivo es el espesor del material de fricción. Una pastilla nueva ronda los diez o doce milímetros de material; el límite de sustitución está en torno a los tres milímetros, y por debajo de dos se está frenando con la placa metálica cerca del disco. Muchos coches llevan un testigo eléctrico que enciende una luz al alcanzar ese punto, y muchas pastillas tienen un testigo mecánico que produce un chirrido metálico continuo. Ninguno de los dos es una sugerencia.

Juego de pastillas de freno: el dato que decide el cambio es el espesor del material de fricción, no los kilómetros. Foto: Treemonster86 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
Juego de pastillas de freno: el dato que decide el cambio es el espesor del material de fricción, no los kilómetros. Foto: Treemonster86 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Los discos: el error de cambiar solo las pastillas

Un disco de freno también es una pieza de desgaste, aunque no lo parezca. Se adelgaza con el uso, y el fabricante marca en el propio disco su espesor mínimo. Superado ese límite, el disco disipa peor el calor y su resistencia mecánica cae: no se cambia por estética, se cambia porque deja de hacer su trabajo.

Hay cuatro señales que obligan a mirar los discos:

  • Un escalón perceptible en el borde exterior. Si se pasa la uña por el canto y engancha, el disco ha perdido material en la zona de barrido.
  • Surcos profundos o rayado circular fuerte, casi siempre por haber apurado unas pastillas hasta la placa.
  • Vibración en el pedal o en el volante al frenar. Suele indicar alabeo: el disco ha perdido planitud por calentamientos y enfriamientos bruscos.
  • Grietas radiales en la superficie, por fatiga térmica. Es motivo de sustitución inmediata.

La regla que aplica cualquier taller serio: si el disco está al límite, se cambian disco y pastilla juntos. Montar pastillas nuevas sobre un disco rayado o alabeado estropea las pastillas en pocos miles de kilómetros y deja una frenada irregular desde el primer día.

Qué significa cada ruido

  • Chirrido agudo y continuo al frenar. Testigo mecánico de pastilla al límite, o material vitrificado por sobrecalentamiento.
  • Chirrido solo por la mañana o con humedad, que desaparece a las primeras frenadas: óxido superficial en el disco. Es normal y no indica avería.
  • Rozamiento metálico grave. Pastilla agotada trabajando con la placa. Hay que dejar de conducir el coche.
  • Golpe seco al frenar fuerte. Holgura en el anclaje de la pinza o pastilla mal asentada.
  • Ruido constante que no depende del freno, sino de la velocidad: probablemente no es el freno, es un rodamiento.

El líquido de frenos: la revisión que nadie hace

El líquido de frenos es higroscópico: absorbe humedad del ambiente a través de los conductos y del propio depósito. Y esa humedad hace dos cosas malas. La primera, bajar el punto de ebullición, de modo que en una bajada larga puede formar vapor y provocar que el pedal se vaya al fondo. La segunda, corroer por dentro pinzas, bombines y conductos.

Por eso su sustitución no se mide en kilómetros, sino en tiempo: la referencia habitual de los fabricantes está en torno a los dos años, con independencia de lo que se haya rodado. Es una intervención barata, rápida y de las que más seguridad devuelven.

Depósito del líquido de frenos en el vano motor: el nivel se mira en frío y el líquido se sustituye por tiempo, no por kilómetros. Foto: Frettie · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons
Depósito del líquido de frenos en el vano motor: el nivel se mira en frío y el líquido se sustituye por tiempo, no por kilómetros. Foto: Frettie · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons

Cómo comprobar los frenos sin desmontar nada

  1. Mira por la llanta. En la mayoría de las llantas de radios se ve la pastilla exterior y el borde del disco. Con una linterna se aprecia si queda material.
  2. Comprueba el nivel del líquido en frío. Si baja poco a poco sin fugas visibles, suele ser desgaste de pastilla; si baja rápido, hay que buscar la fuga.
  3. Mira el color del líquido. Un líquido oscuro y turbio lleva demasiado tiempo dentro.
  4. Frena en un sitio seguro desde 60 km/h. El coche debe frenar recto, sin tirar hacia un lado, sin vibrar y con un pedal firme.
  5. Fíjate en el polvo de las llantas. Un exceso de polvo negro en una sola rueda indica que esa pinza trabaja más que las demás.
  6. Escucha en marcha atrás con la ventanilla abierta: los ruidos de freno se oyen mucho mejor.

Frenos y freno de mano eléctrico

En coches con freno de estacionamiento eléctrico hay un detalle práctico importante: los actuadores traseros tienen que ponerse en modo servicio para poder cambiar las pastillas. Es una operación de diagnosis, no de fuerza, y forzar el actuador para retraerlo suele terminar en una pieza rota bastante cara en sustituir. Es una de las razones por las que el bricolaje en frenos traseros ha dejado de ser sencillo en muchos modelos.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden cambiar solo las pastillas delanteras?

Sí, y es lo habitual: el eje delantero se desgasta antes. Lo que no se debe hacer es cambiar una sola rueda: las pastillas se sustituyen siempre por ejes completos para que la frenada sea simétrica.

¿Cuánto duran los discos?

Lo normal es que un juego de discos aguante dos juegos de pastillas, es decir, del orden de 60.000 a 120.000 kilómetros según uso. Pero el criterio no son los kilómetros: es el espesor mínimo grabado en el disco y el estado de la superficie.

¿Hay que rodar con cuidado las pastillas nuevas?

Sí. Los primeros cientos de kilómetros conviene evitar frenadas fuertes y prolongadas para que el material asiente contra el disco. Una frenada muy dura en caliente sobre pastillas sin asentar puede vitrificar el material y dejarlas chirriando para siempre.

¿Los frenos pasan la ITV con vibración?

La inspección mide eficacia y desequilibrio en el banco de frenada, no la sensación del pedal. Un coche puede aprobar con un disco alabeado y seguir siendo incómodo e inseguro en carretera: aprobar no equivale a estar bien.

¿Por qué el pedal se ha puesto blando de repente?

Un pedal esponjoso apunta a aire en el circuito, a líquido degradado o a una fuga. Es la única avería de esta lista que obliga a parar el coche y no seguir conduciendo.

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