Mantenimiento

El aire acondicionado del coche: mantenimiento

Un aire que enfría menos cada verano casi siempre tiene el filtro sucio o ha perdido gas. Qué revisar, cada cuánto y por qué conviene usarlo también en invierno.

El aire acondicionado es el sistema del coche que más se usa y menos se mantiene. Funciona sin protestar durante años, va perdiendo rendimiento poco a poco —tan poco a poco que nadie lo nota— y un verano cualquiera alguien se da cuenta de que ya no enfría como antes.

En esta guía explicamos por qué pierde rendimiento, qué se puede revisar sin taller, cada cuánto toca cada cosa, de dónde viene el mal olor y por qué conviene ponerlo en marcha también en los meses de frío.

Un climatizador automático mantiene una temperatura fija; un aire acondicionado manual depende de cómo se ajusten los mandos. Foto: Shixart1985 · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
Un climatizador automático mantiene una temperatura fija; un aire acondicionado manual depende de cómo se ajusten los mandos. Foto: Shixart1985 · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Cómo enfría, en dos frases

El sistema no genera frío: traslada calor. Un gas refrigerante circula en un circuito cerrado, se comprime, se enfría y se expande, y en ese ciclo absorbe el calor del aire que entra al habitáculo y lo suelta fuera, en el radiador del condensador.

De ahí salen las tres piezas que deciden el rendimiento: el compresor, que mueve el gas y va accionado por la correa auxiliar; el gas refrigerante, que es el fluido de trabajo; y el caudal de aire, que depende del ventilador y, sobre todo, del filtro.

Por qué enfría menos cada año

Hay cuatro causas y están ordenadas por frecuencia:

  1. El filtro del habitáculo está saturado. Es la causa número uno y la más barata. Un filtro colmatado reduce el caudal de aire, así que llega menos aire frío aunque el sistema funcione perfectamente.
  2. Ha perdido gas. El circuito pierde una pequeña cantidad de refrigerante al año por sus propias juntas, y con el tiempo el nivel baja lo suficiente para que el rendimiento caiga.
  3. El condensador está sucio. Va delante, junto al radiador, y se llena de insectos, hojas y polvo. Sin aire pasando por él, el sistema no puede soltar el calor.
  4. El compresor o su embrague fallan. Es la avería seria y la menos frecuente.

La consecuencia práctica es buena noticia: antes de plantear una recarga, merece la pena cambiar el filtro y limpiar el condensador, porque en bastantes casos el problema era eso.

Un filtro saturado deja pasar menos aire: el sistema puede estar perfecto y aun así llegar poco aire frío al habitáculo. Foto: Bob Blaylock · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
Un filtro saturado deja pasar menos aire: el sistema puede estar perfecto y aun así llegar poco aire frío al habitáculo. Foto: Bob Blaylock · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

El filtro del habitáculo: el mantenimiento olvidado

Conviene distinguirlo del filtro de aire del motor, que es otra pieza. El del habitáculo filtra el aire que respiran los ocupantes: polvo, polen, hollín y, en los modelos con carbón activo, parte de los olores.

Su sustitución es de las pocas operaciones que muchos conductores pueden hacer en casa, porque en bastantes modelos está accesible detrás de la guantera o bajo el capó, sin herramientas especiales. Y su efecto es inmediato en dos cosas: el caudal de aire y el olor.

La periodicidad la marca el fabricante, con una recomendación general que se repite: revisarlo una vez al año y cambiarlo antes si el coche circula por zonas con mucho polvo o mucho polen.

De dónde viene el mal olor

Es una queja muy común y tiene una explicación concreta. Al enfriar el aire, el evaporador condensa humedad, igual que un vaso frío en verano. Esa humedad, en un espacio oscuro y templado, es el ambiente ideal para hongos y bacterias, y su actividad produce ese olor característico que aparece al arrancar el aire.

Tres medidas que lo resuelven o lo evitan:

  • Apagar el aire unos minutos antes de llegar y dejar el ventilador en marcha, para que el evaporador se seque.
  • Cambiar el filtro del habitáculo, que es donde acaba parte de esa carga biológica.
  • Un tratamiento de limpieza del circuito de ventilación en taller, cuando el olor ya está instalado.

Ese primer punto es gratis y es el que mejor funciona a largo plazo.

Por qué usarlo en invierno

Parece contraintuitivo y es uno de los consejos con más respaldo técnico. El compresor del aire acondicionado tiene juntas y retenes que se lubrican con el aceite que circula con el propio refrigerante. Si el sistema pasa meses sin funcionar, esas juntas se secan y aparecen las fugas.

Con lo cual, poner el aire acondicionado unos minutos cada cierto tiempo en invierno es un mantenimiento preventivo, no un capricho. Y tiene un beneficio inmediato: el aire acondicionado deshumidifica, así que es la forma más rápida de desempañar los cristales en un día húmedo.

El compresor del aire acondicionado va accionado por la correa auxiliar: si esa correa falla, el aire deja de enfriar. Foto: Hans Haase · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
El compresor del aire acondicionado va accionado por la correa auxiliar: si esa correa falla, el aire deja de enfriar. Foto: Hans Haase · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La recarga de gas: cuándo tiene sentido

Antes de recargar conviene entender dos cosas. La primera, que un circuito cerrado que ha perdido gas tiene una fuga, aunque sea mínima: recargar sin buscarla es aplazar el problema. La segunda, que el tipo de refrigerante depende del año del vehículo, y no son intercambiables.

Un servicio bien hecho incluye vacío del circuito, control de fugas y recarga con la cantidad exacta que especifica el fabricante, que está indicada en una pegatina del vano motor. Rellenar «un poco» no es un procedimiento: un exceso de gas empeora el rendimiento igual que un defecto.

Cinco cosas que sí puedes hacer tú

  1. Revisar y cambiar el filtro del habitáculo una vez al año.
  2. Limpiar la zona del condensador con agua a baja presión, con el motor frío y sin doblar las aletas.
  3. Apagar el aire antes de llegar dejando el ventilador, para secar el evaporador.
  4. Ponerlo en marcha en invierno unos minutos cada pocas semanas.
  5. Usar la recirculación para enfriar rápido y desactivarla después, para que el aire se renueve.

Ese último punto tiene un matiz que conviene conocer: con la recirculación permanente, la humedad del habitáculo sube y los cristales se empañan antes. Es útil para bajar la temperatura rápido, no para llevarla activada todo el viaje.

En resumen

Un aire acondicionado que enfría menos rara vez está averiado: casi siempre tiene el filtro saturado, el condensador sucio o ha ido perdiendo gas poco a poco. Las dos primeras cosas se resuelven sin taller y la tercera exige buscar la fuga antes de recargar.

Y el mejor mantenimiento de todos es el que menos parece: usarlo también en invierno y apagarlo unos minutos antes de llegar. Con esas dos costumbres, un aire acondicionado llega en forma a un montón de veranos.

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