Mecánica

El alternador: síntomas de avería

Cómo saber si el alternador está fallando, por qué se confunde con la batería, qué significa el testigo rojo y cuándo hay que parar el coche.

Hay una avería que casi todo el mundo diagnostica mal, y es esta. Cuando un coche se queda sin electricidad, el primer sospechoso siempre es la batería, porque es la pieza que todo el mundo conoce. Y en muchos casos la batería está perfectamente: lo que ha fallado es el aparato que se encarga de mantenerla cargada, el alternador.

En esta guía se explica qué hace un alternador, por qué el testigo rojo de la batería no habla de la batería, cómo distinguir en treinta segundos un problema de arranque de un problema de carga, qué síntomas avisan del final y qué se puede hacer si el aviso salta en marcha.

El alternador es un generador movido por la correa auxiliar del motor: produce la electricidad que consume el coche en marcha. Foto: Angelsharum · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
El alternador es un generador movido por la correa auxiliar del motor: produce la electricidad que consume el coche en marcha. Foto: Angelsharum · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Qué hace un alternador

Aquí está el malentendido de fondo. La batería no alimenta el coche mientras conduces: su trabajo es dar el golpe de corriente que necesita el motor de arranque y sostener los consumos con el motor parado. En cuanto el motor gira, quien alimenta todo es el alternador.

Es un generador movido por la correa auxiliar, y hace dos cosas a la vez:

  • Alimenta todos los consumos del vehículo en marcha: encendido, inyección, luces, climatizador, ventiladores, electrónica, pantallas.
  • Recarga la batería, devolviéndole la energía que se gastó en el arranque.

Para hacerlo bien, un alternador incorpora dos piezas internas que casi nunca se mencionan y que son las que fallan con más frecuencia:

  1. El puente de diodos, o rectificador, que convierte la corriente alterna que genera en la corriente continua que el coche necesita.
  2. El regulador de tensión, que mantiene el voltaje dentro del margen correcto sin importar las revoluciones del motor ni el consumo del momento.

Ese segundo componente es clave. Sin regulador, el voltaje subiría con las revoluciones y bajaría al ralentí, y el resultado serían bombillas fundidas y electrónica dañada. Cuando un regulador falla, el coche puede pasar de no cargar nada a sobrecargar, y la segunda situación es más destructiva que la primera.

El testigo rojo no habla de la batería

Conviene decirlo con claridad porque induce a error a diario: el testigo con forma de batería del cuadro de instrumentos no es un indicador de carga de la batería. Es el testigo del circuito de carga.

Lo que ese piloto indica, cuando se enciende con el motor en marcha, es que el alternador no está entregando la tensión que debería. La batería puede estar nueva y el testigo seguirá encendido, porque el problema está en quien la carga.

Su comportamiento normal es este:

  • Se enciende al dar contacto, con el motor parado. Eso es correcto: no hay generación todavía.
  • Se apaga en cuanto el motor arranca y coge unas pocas revoluciones.
  • Si se queda encendido en marcha, o si se enciende sobre la marcha, hay un problema de carga.

Y hay una variante intermedia muy informativa: un testigo que parpadea o se enciende al ralentí y se apaga al acelerar. Eso suele apuntar a un alternador que ya no llega a la tensión necesaria con el motor girando despacio, o a una correa que patina.

Alternador o batería: la prueba de treinta segundos

Es la pregunta práctica y tiene una respuesta sorprendentemente sencilla. Basta con fijarse en cuándo aparece el problema:

Si el coche no arranca pero, una vez arrancado, funciona con normalidad durante horas, el sospechoso es la batería. Su trabajo es el arranque, y es justo el que falla.

Si el coche arranca con pinzas y se apaga en cuanto se retiran los cables, o si arranca y a los pocos kilómetros se van apagando los sistemas, el sospechoso es el alternador. Está permitiendo el arranque con la energía de la batería y no está generando nada.

Esa distinción se resume en una frase que vale la pena recordar: la batería falla al arrancar, el alternador falla al andar.

La batería da el arranque; el alternador sostiene el coche en marcha y la recarga. Confundir sus síntomas es el error más común en esta avería. Foto: Shixart1985 · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
La batería da el arranque; el alternador sostiene el coche en marcha y la recarga. Confundir sus síntomas es el error más común en esta avería. Foto: Shixart1985 · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Los síntomas, por orden de gravedad

Un alternador rara vez se muere de golpe: suele avisar. Estos son los indicios habituales:

  1. Testigo de carga encendido con el motor en marcha. Es el aviso directo y el que no hay que ignorar.
  2. Luces que pierden intensidad o que laten al ralentí, y recuperan al acelerar.
  3. La batería se descarga una y otra vez aunque sea nueva, sobre todo si se queda sin fuerza después de un trayecto normal.
  4. Comportamientos eléctricos raros: pantallas que se reinician, elevalunas lentos, ventilador que cambia de velocidad solo.
  5. Zumbido o chirrido procedente de la zona del alternador, que cambia con las revoluciones. Puede ser el rodamiento o la correa.
  6. Olor a quemado, señal de bobinado o diodos en mal estado. Aquí hay que parar.
  7. El coche se apaga en marcha y no vuelve a arrancar. Es el final del proceso: la batería se ha agotado sosteniendo sola todo el vehículo.

Ese quinto punto merece una nota, porque se confunde a menudo con una avería del alternador cuando en realidad es de la correa auxiliar. Una correa destensada o envejecida patina sobre la polea, el alternador no gira a la velocidad que debería y el resultado es exactamente el mismo síntoma de falta de carga, con un chirrido característico al arrancar en frío o con el volante girado.

Qué hacer si el testigo se enciende conduciendo

La respuesta corta es: reducir el consumo y llegar cuanto antes a un sitio donde parar con seguridad. Con el circuito de carga fuera de servicio, el coche funciona con la energía almacenada en la batería, y esa energía se agota.

Cinco medidas concretas mientras se busca dónde parar:

  • Apagar todo lo prescindible: climatizador, radio, calefacción de asientos, cargadores, luces interiores.
  • No apagar el motor si se puede evitar, porque un nuevo arranque consume mucho.
  • Mantener las luces imprescindibles por seguridad, y solo esas.
  • Evitar arrancar y parar en semáforos si hay sistema de parada automática: conviene desactivarlo.
  • No prolongar el viaje. Un coche sin carga puede recorrer una distancia corta y variable, y nadie sabe cuánta.

Y una advertencia que se repite en los manuales y que conviene tomar en serio: no se debe desconectar la batería con el motor en marcha, ni como prueba de diagnóstico. En un coche moderno, eso puede provocar un pico de tensión y dañar la electrónica. La prueba con el borne desconectado pertenece a otra época del automóvil.

Si el coche arranca con pinzas y se apaga al retirarlas, el circuito de carga no está generando: el sospechoso es el alternador, no la batería. Foto: Tony Webster · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
Si el coche arranca con pinzas y se apaga al retirarlas, el circuito de carga no está generando: el sospechoso es el alternador, no la batería. Foto: Tony Webster · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Cómo se comprueba de verdad

La medición es sencilla para cualquiera con un multímetro y da una respuesta clara. Se miden los bornes de la batería en dos situaciones:

  1. Con el motor parado y el coche en reposo: una batería sana y cargada se sitúa en torno a los 12,6 voltios. Por debajo de 12 está claramente descargada.
  2. Con el motor en marcha: la tensión debe subir al margen de carga, que en la mayoría de los vehículos se sitúa aproximadamente entre 13,5 y 14,5 voltios, según lo que especifique el fabricante.

Con esos dos valores se separan tres escenarios:

  • En marcha no sube de los 12 y pocos voltios: el alternador no carga.
  • En marcha sube muy por encima del margen: el regulador está fallando y hay sobrecarga, que es la situación que funde bombillas y castiga la electrónica.
  • En marcha está en el margen y la batería se descarga igual: el problema es de la batería, de un consumo parásito o de una conexión con resistencia.

En taller se completa con una prueba de carga bajo consumo —con luces, ventilador y climatizador encendidos— y con la comprobación del rizado, que detecta diodos en mal estado aunque la tensión media parezca correcta.

Qué se repara y qué se sustituye

Un alternador no siempre se cambia completo, y saberlo ahorra dinero. Estas son las intervenciones habituales, de menor a mayor:

El regulador de tensión. En muchos modelos va montado en el exterior del alternador y se sustituye sin desmontar el conjunto. Es la reparación más agradecida y la más frecuente.

El puente de diodos. Se cambia con el alternador desmontado y abierto. Es la pieza que explica el rizado y los comportamientos eléctricos extraños.

Los rodamientos. Cuando el ruido es mecánico y aumenta con las revoluciones, suele bastar con cambiarlos.

La polea de rueda libre, en los alternadores que la llevan. Es una pieza de desgaste y su fallo se confunde fácilmente con un problema de correa.

El alternador completo. Cuando el bobinado está dañado o el conjunto tiene muchos kilómetros y varias piezas al límite. Existen unidades reconstruidas con garantía, que son la opción intermedia entre reparar y comprar nuevo.

Qué acorta la vida de un alternador

Seis factores, y ninguno es misterioso:

  • Una correa mal tensada, que patina y calienta la polea, o demasiado tensa, que castiga los rodamientos.
  • Fugas de aceite o de refrigerante que caen sobre el alternador y degradan sus componentes.
  • Agua y barro, sobre todo en alternadores montados en la parte baja del motor.
  • Baterías agotadas: una batería incapaz de retener carga obliga al alternador a trabajar al máximo de forma permanente.
  • Consumos añadidos sin dimensionar, típicos en instalaciones de sonido o de iluminación adicional.
  • Muchos arranques cortos, que consumen mucho y dejan poco tiempo de recarga.

Ese cuarto punto es un círculo vicioso muy habitual y que conviene romper cuanto antes: una batería vieja mata alternadores, y un alternador que no carga mata baterías. Cuando se cambia uno de los dos elementos, merece la pena comprobar el estado del otro antes de dar el problema por resuelto.

En resumen

La batería arranca el coche; el alternador lo mantiene funcionando y la recarga. Todo el diagnóstico de esta avería cabe en esa frase, y el testigo rojo del cuadro —que no habla de la batería, sino del circuito de carga— es el aviso que no conviene ignorar.

Con un multímetro y dos medidas, en reposo y en marcha, cualquiera puede saber si el problema es de carga o de acumulación. Y con un dato más, el momento en que aparece el fallo, se resuelve la duda que más tiempo hace perder: al arrancar, batería; al andar, alternador.

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