El motor de arranque: síntomas de avería y cómo distinguirlo de la batería
El clic seco, el giro lento, el ruido metálico y el silencio total: qué significa cada síntoma, cómo saber si el problema es la batería o el motor de arranque y qué se puede comprobar sin taller.
Girar la llave y oír un clic seco en lugar del motor arrancando es una de las escenas más reconocibles de la vida con un coche. El diagnóstico se reduce casi siempre a dos sospechosos, la batería y el motor de arranque, y distinguirlos es más fácil de lo que parece si se sabe qué escuchar.
Qué hace el motor de arranque
Un motor de combustión no empieza a funcionar solo: necesita que algo lo haga girar hasta que el ciclo se sostenga por sí mismo. De eso se encarga el motor de arranque, un motor eléctrico pequeño y muy potente que consume, durante unos segundos, más corriente que todo el resto del coche junto.
Tiene tres piezas que conviene nombrar porque cada una falla de una forma distinta:
- El motor eléctrico propiamente dicho, con sus escobillas y su colector.
- El solenoide o relé de arranque, una bobina que hace dos cosas a la vez: cierra el contacto de potencia que alimenta el motor y empuja el piñón hacia fuera.
- El piñón o bendix, la rueda dentada que se desplaza para engranar con la corona del volante motor y que se retira cuando el motor ya gira solo.

Los síntomas, uno a uno
Un clic seco y nada más
El solenoide se activa —ese es el clic— pero el motor no gira. Puede ser que no llegue corriente suficiente, y entonces el problema es de batería, bornes o cables de masa; o que el motor esté agotado y ya no arranque con la corriente que sí le llega.
Una traca de clics rápidos
Cuando en lugar de un clic se oye una ráfaga, la causa es casi siempre tensión insuficiente: el solenoide se activa, la tensión cae, se desactiva, se recupera y vuelve a activarse, muchas veces por segundo. Es el sonido característico de una batería descargada.
El motor gira lento y con esfuerzo
El coche intenta arrancar pero el giro es pesado y las luces del cuadro se apagan casi del todo. Otra vez apunta a la batería o a las conexiones, aunque un motor de arranque desgastado también consume más de la cuenta y produce el mismo efecto.
Un chirrido o un ruido metálico
Suena a engranajes mal encajados, y eso es exactamente lo que es: el piñón no engrana bien con la corona o no se retira a tiempo. Es un ruido que conviene atender pronto, porque un piñón dañado puede acabar estropeando la corona del volante motor, que es una reparación mucho más cara.
Silencio total
No pasa absolutamente nada. Aquí lo primero es comprobar si el resto del coche responde: si no hay luces ni testigos, es batería o masa; si el coche tiene corriente pero al girar la llave no ocurre nada, hay que mirar el contacto, el relé, un fusible o —en coches con caja automática— el interruptor que impide arrancar fuera de P o N.
Arranca a la segunda o a la tercera
El síntoma más traicionero, porque el coche acaba arrancando y uno lo olvida. Suele indicar un motor de arranque con puntos muertos en el colector: en ciertas posiciones no hace contacto. Es un aviso con fecha de caducidad.
Batería o motor de arranque: la prueba de los treinta segundos
Hay dos comprobaciones que separan los dos casos sin herramientas.
Mirar las luces. Con las luces encendidas, girar la llave. Si al intentar arrancar las luces se apagan casi por completo o bajan muchísimo de intensidad, el problema está en el suministro de corriente: batería, bornes o masas. Si las luces se mantienen firmes y aun así no arranca, la corriente llega y el sospechoso es el motor de arranque o su circuito de mando.
Probar con pinzas. Si con otro coche o con un arrancador el motor gira con normalidad, era la batería. Si sigue haciendo clic con la misma tozudez, no lo era.
Hay un tercer truco muy conocido que conviene mencionar con cautela: dar unos golpes suaves en la carcasa del motor de arranque mientras otra persona da al contacto. A veces funciona, porque desbloquea unas escobillas pegadas, y eso mismo es el diagnóstico: si el coche arranca después del golpe, el motor de arranque está al final de su vida y lo que se ha ganado es tiempo para llegar al taller, no una reparación.

Por qué se estropea
- Escobillas gastadas. Es el desgaste natural del motor eléctrico y la causa más común en coches con muchos arranques.
- Solenoide. Los contactos internos se pican y dejan de conducir. En muchos modelos se sustituye por separado y sale bastante más barato que el conjunto.
- Piñón y horquilla. Dientes rotos o un mecanismo de desplazamiento agarrotado.
- Masas y cableado. Una masa floja o corroída entre el motor y la carrocería produce exactamente los mismos síntomas que un motor de arranque muerto, y se arregla limpiando y apretando.
- Calor y aceite. El motor de arranque vive pegado al bloque; una fuga de aceite que lo empape acorta su vida.
Un caso aparte son los coches con sistema de arranque y parada. Su motor de arranque está diseñado para muchísimos más ciclos y lleva componentes reforzados, de modo que sustituirlo por uno convencional es un ahorro que dura poco.

Lo que se puede comprobar sin taller
- Los bornes de la batería. Limpios, sin sulfato blanco o verdoso y apretados de verdad. Es la causa número uno de arranques fallidos y no cuesta nada.
- El cable de masa entre el motor o la caja y la carrocería. Se afloja y se corroe con los años.
- La tensión en reposo de la batería con un multímetro barato. Una batería sana en reposo está claramente por encima de doce voltios; muy por debajo, no va a arrancar nada.
- Los fusibles y el relé del circuito de arranque, que vienen identificados en la tapa de la caja de fusibles.
- En caja automática, mover el selector a N y probar: si arranca en N y no en P, el problema es el interruptor de posición, no el motor de arranque.
Reparar o sustituir
Un motor de arranque se puede reparar: se cambian escobillas, solenoide o piñón, y hay talleres especializados en electricidad del automóvil que lo hacen. También existe el intercambio estándar, una unidad reconstruida con garantía que suele salir bastante por debajo de una nueva.
La decisión depende de la edad del coche y de qué haya fallado. Si es el solenoide y la pieza está disponible por separado, reparar compensa casi siempre. Si el motor está gastado por dentro, el intercambio estándar es la opción razonable. Y en cualquier caso conviene aprovechar el desmontaje para revisar masas y cables, porque volver a bajar el motor de arranque por una masa floja es un trabajo doble que se paga entero.
Lo que conviene no hacer
- Insistir con la llave. Arranques largos y encadenados calientan el motor de arranque y agotan la batería. Lo razonable son intentos cortos, de pocos segundos, con pausas entre ellos.
- Empujar un coche automático para arrancarlo. No funciona y puede dañar la transmisión. En un manual sí es posible, con las precauciones conocidas, pero no arregla nada: solo mueve el problema al día siguiente.
- Cambiar la batería sin comprobar nada más. Es la reparación más frecuente y también la más frecuentemente innecesaria: muchas baterías «muertas» son bornes sucios o un alternador que no carga.
- Golpear con fuerza. El truco de los golpes suaves con un mango de madera es una cosa; machacar la carcasa con un martillo es otra, y puede romper el imán permanente de algunos modelos.
El alternador, el tercer sospechoso
Hay un caso que conviene separar de los anteriores porque se confunde con ellos todo el tiempo.
Si el coche arranca bien con pinzas, funciona un rato y al día siguiente vuelve a estar muerto, lo más probable es que el problema no sea ni la batería ni el motor de arranque, sino el alternador, que es quien recarga la batería mientras el coche funciona. El síntoma característico es el testigo rojo de la batería encendido con el motor en marcha, aunque no siempre aparece.
La comprobación es sencilla con un multímetro: con el motor en marcha, la tensión en los bornes debe subir claramente por encima de la de reposo. Si no sube, el alternador no está cargando y sustituir la batería solo compra unos días.
Cómo alargar su vida
El motor de arranque se desgasta por número de arranques y por temperatura, y hay tres costumbres que ayudan.
Mantener la batería en forma. Un motor de arranque que trabaja con tensión baja consume más corriente y se calienta más. Buena parte de las averías prematuras empiezan por una batería que llevaba meses justa.
Evitar trayectos muy cortos encadenados, que son los que más arranques suman y menos recarga aportan.
Atender las fugas de aceite del bloque. Un motor de arranque empapado dura mucho menos, y la fuga suele ser barata de arreglar mientras es pequeña.